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LA POLÍTICA YA NO SE COMUNICA: SE PERFORMA (Y muchos todavía no lo entendieron)

  • 13 mar
  • 2 Min. de lectura

✍🏼Por Walter Javier Pianta 



La mayoría de la dirigencia sigue discutiendo mensajes. El problema es que la comunicación política ya no es un problema de mensaje.


Es un problema de lógica cultural.


Mientras algunos equipos siguen pensando en “bajar contenido a redes”, las campañas que realmente funcionan nacen dentro del algoritmo. No se adaptan a TikTok: son TikTok. No editan para Instagram: piensan en vertical desde el inicio. No hablan desde arriba: circulan.


El liderazgo dejó de construirse en solemnidad. Hoy se construye en proximidad performativa. Y eso incomoda.


Pero lo verdaderamente relevante no es el formato. Es la emocionalización estructural del sistema.


La polarización no es un accidente. Es un recurso.


La indignación no es un efecto secundario. Es combustible.


La identidad política ya no es una posición ideológica: es pertenencia tribal.


Y cuando la política se vuelve identidad, la deliberación pierde centralidad. Lo que importa no es convencer, sino reafirmar quiénes somos frente a “ellos”.


En paralelo, la economía dejó de ser un dato técnico. Es una experiencia subjetiva. Podés mostrar indicadores sólidos; si la ciudadanía siente incertidumbre, la narrativa dominante será la del malestar. La ansiedad es hoy una variable electoral.


A esto se suma la hibridación total entre cultura pop y política. Un recital, un evento deportivo, una celebridad global ya no son neutros. Son escenarios de disputa simbólica. La frontera entre entretenimiento y política se evaporó.


Y mientras el debate visible ocurre en X o en la televisión, la conversación realmente eficaz se desplaza a espacios cerrados: WhatsApp, microcomunidades, redes territoriales. Menos ruido público, más circulación íntima. Militancia distribuida.


Por último: la inteligencia artificial ya no es un accesorio. Es infraestructura. Analiza, segmenta, produce, amplifica. Quien no entienda esto está compitiendo con herramientas del siglo pasado.


En síntesis:


– La campaña ya no se “lanza”: se infiltra en el ecosistema.


– El liderazgo ya no se declara: se performa.


– La polarización ya no se evita: se explota.


– La economía ya no se explica: se siente.


– La tecnología ya no acompaña: estructura.


Muchos siguen discutiendo slogans. El campo de juego cambió hace rato.


Para entenderlo mejor vale la pena leer a Franco Delle Donne sobre la circulación global de las derechas radicales, a Steven Levitsky sobre erosión democrática, a Shmuel Noah Eisenstadt sobre modernidades múltiples, a G. Elliott Morris sobre ansiedad económica, a Michael Huemer sobre identidad e ideología, y a quienes investigan campañas nativas en plataformas como TikTok.


No porque tengan la última palabra.


Sino porque ayudan a entender que la pregunta ya no es qué decir.


La pregunta es en qué mundo simbólico estás hablando.

 
 
 

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